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Museo del libro y de la lengua

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1 Museo del libro y de la lengua el Vie Dic 30, 2011 9:56 pm

Museo del libro y de la lengua

El 11 de octubre del año que finaliza la Biblioteca Nacional abrió su Museo del libro y de la lengua. Su construcción implicó varios años de proyectos y esfuerzos: desde la demolición de dos edificios que eran irrecuperables hasta el diseño y la realización del nuevo. Un equipo formado por trabajadores de la Biblioteca definió los contenidos y los dispositivos de exhibición de la muestra permanente, produciendo un nuevo vínculo entre las obras que custodia la institución, sus políticas culturales y el lector o visitante.
De este modo, la Biblioteca abre otra orientación hacia las calles de la ciudad, sus rumores y sus tránsitos, acentuando su vocación de ser, además de un ámbito fundamental de preservación de la cultura impresa del país, un espacio de debates, conversaciones, innovaciones.
El Museo del libro y de la lengua pone como objeto de la exposición permanente la experiencia creativa y fundamental del hablante, tratando de recorrer las singularidades del idioma de los argentinos, la pregunta por su autonomía, la coexistencia del español con otras lenguas –las de las poblaciones originarias, las de las colectividades migratorias– y las variedades diferentes del castellano hablado en las regiones del país. Se trata así de considerar la lengua como fuerza viva, en constante transformación y frente a la cual los criterios normativos no bastan para comprenderla. La lengua es tesoro, fuerza, herencia y novedad, es producción y soberanía, es material artístico y pertenencia común. No hay, para nosotros, reflexión sobre la cultura nacional que pueda prescindir de eso que atraviesa la vida en común: la lengua, las distintas lenguas que hablamos, los diferentes modos de hablarla, sus tañidos poéticos, sus ejercicios virtuosos, sus violencias oscuras. Porque en la lengua se hace posible la imagen que redime y también el desdén que condena o excluye. Porque en ella se inscriben la negación mortífera y el cuidado amoroso.
El Museo inaugurado está aún en construcción. Ella no cesará rápidamente, porque no es sólo una cuestión de materiales o dispositivos de exposición: es el trato con un objeto que requiere reflexiones cada vez más profundas e investigaciones cada vez más vastas. Apenas comenzamos ese camino, que durante los años venideros implicará más esfuerzo, más creación, más lucidez. Un camino que se constituye a partir de un conjunto de preocupaciones: ¿Cómo construir un museo en el que la tecnología no sustituya, con su condición de espectáculo de la novedad, la reflexión sobre el objeto al que debiera servir? ¿Cómo construir una interpelación al visitante para que se reconozca en la experiencia compartida de la lengua? ¿De qué modos invitarlo a que se descubra, si aún no lo ha hecho, como lector?
Los libros constituyen una parte central de la exposición permanente. Fueron elegidos como nudos de una trama de la cultura, como hitos de una historia que es de las ideas y también de la política. Algunos de ellos son obras olvidadas o provienen de autores desconocidos, otros son libros centrales que excedieron con mucho a la época en que fueron editados. Nos interesa presentarlos como objeto de debates, exégesis, críticas, versiones. Rodearlos de anécdotas y comentarios, de presentaciones y anticipos. Reponer a su alrededor una circulación que solicite también al lector contemporáneo.
El edificio construido a partir del diseño del estudio Testa-Bullrich alberga cuatro murales que provienen del edificio de las Galerías Pacífico. Fueron pintados por Lino Enea Spilimbergo, Juan Carlos Castagnino, Manuel Colmeiro y Demetrio Urruchúa. Luego de su descarte en la remodelación de las Galerías –en 1992– quedaron en custodia del Ministerio de Educación y luego de la Biblioteca Nacional. Hoy se encuentran en restauración, a la vista del público, en un proceso de recuperación patrimonial cuya relevancia no es necesario remarcar. Las lunetas, producidas por el Taller de Arte Mural, en un espacio –el de las Galerías– que décadas antes había albergado al Museo Nacional de Bellas Artes, sitúan al arte como una cuestión fundamental de este Museo. Distintos artistas contemporáneos fueron convocados, y otros lo serán en los próximos años, a crear obras en relación al libro y a la lengua.
Libros, lengua, arte: dimensiones de una cultura cuya vitalidad está atravesada de tensiones, de memorias cruentas, de vocaciones disruptivas. Y cuyos signos la Biblioteca Nacional, ahora con su nuevo Museo, no deja de interrogar.

María Pia López
Directora del Museo del libro y de la lengua Biblioteca Nacional

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